lunes, 18 de julio de 2011

LA LEY (de atracción)

Gracias.

Soy feliz.

Estás aquí.

Estamos juntos.

Mejor que nunca.

Igual que siempre.

Me abrazas fuerte.

Igual que siempre.

Mejor que nunca.

Estamos juntos.

Estás aquí.

Soy feliz.

Gracias.

GATO POR LIEBRE

Las perdono.


A las que hicieron de mentiras verdades

y de baches ciudades,

las perdono.


A las que colmaron de gotas el vaso

y de sotas el mazo,

las perdono.


A las que vivieron de doble discurso

y de en vano concurso

las perdono.


A las que vendieron gato por liebre

y humo por fiebre

las perdono.

viernes, 15 de julio de 2011

TERCERA EDAD

Se nos pasó la vida volando

entre libros y esquelas.

Nos quedaron los cuerpos temblando,

arrugados cual telas.


Se nos pasó la vida soñando

con Mateos, con Malenas.

Nos quedó el cuore cargando

con las canas, con las venas.


Nos llegó la tercera edad,

los bastones, las palomas,

las caricias, la bondad.


Nos llegaron los aromas,

los nietos, la verdad,

los puntos y las comas.

domingo, 3 de julio de 2011

EL FINAL

El desencuentro comienza muchísimo antes del primer encuentro, alguien gritó “Digan whisky” y el destino nos sorprendió aún más que la misma foto. Un año después nos encontramos (en otra foto). Un año nos tuvimos. Cuando comenzábamos a conocernos un viaje nos separó y un beso interminable bajo el umbral del cuarto nos pronosticaba algo. Ella voló. Las esquelas me sorprendieron, aparecían en todos lados, el contrato estaba guardado bajo llave y firmado por las dos partes. Prender la computadora y buscarla era automático (la ciberpasión se adueñaba de mí). Ni los pasajes ni la ausencia podían ahuyentar su perfume de la casa, la lluvia me abrazaba, me llenaba de paz, las noches eran largas y en los sueños le pedía que se teletransportara. Cuando se le hizo difícil prometí ser un circo entero pero pronto fue diciembre y nos volvimos a encontrar. Nos comprometimos nuevamente, con sol y todo, recreamos nuestras tardes y mientras dormía aprovechaba para escribirle. Llegó la segunda partida, otra vez la distancia (que no es santa). El cordero se hizo lobo y me quiso hacer la pica pero fue pan quemado, todos lo vieron, mientras nosotros quedábamos más heridos que heroicos y enamorados. Había que creer o reventar y apostar a que lo nuestro era de verdad. Mi ida se vio opacada por su viaje a Londres, me quedé con el boleto en mano y buscando una razón para tener la sexta estrella tatuada en la piel. Me llamé a silencio. Las heridas deschavaron el enojo y volé con otro destino tratando de sanar. Fue Córdoba que me recibió de brazos abiertos, de paso me robó a mano armada pero yo, argentino. Por largo rato lo único que tuve fue un “Cuando vuelva hablamos”, es entendible, ya se, intenté respetar y seguí en silencio. Pasó mucha agua bajo el puente pero igual no dejaba de pensar en el día y la hora de verla o en tenerla una noche (aunque sea de bodas). Almorcé una trucha, saqué dos pasajes para la Cumbrecita y los guardé (en el mismo cajón donde guardo el sol, ahí, donde están las entradas para Silvio). Le desee toda la felicidad para su cumpleaños. Ahí le conté de su regalo, un libro con cincuenta poesías. No tengo dudas de que el impase sirvió, ni tengo dudas de que sea privilegiada, pero su falta de interés y la alquimia parecían producir algo en mí. Me generó más de dos preguntas, más de cien motivos, algo en lo profundo del alma me hacía optar por la galera. No advertí la letra chica del contrato, al final de cuentas los sonidos del silencio siguen en mí, jamás volverá a ser la que un día fue y este desencuentro me llenó de interrogantes.

A pesar de creer que esta historia ya está escrita del primer al último verso, cuando regrese, solo cuando regrese, cuando nos miremos a los ojos y hagamos nuestro viaje para adentro, recién ahí podré contarles el final.